Escandar Algeet, un invierno sin sol

“Algunas veces la vida nos separa de nosotros mismos y, entonces, aparece la poesía, con las palabras mirando de reojo, sospechando de todos los amaneceres.”

Esto es lo que podemos encontrar en la contraportada del libro de Escandar AlgeetUn invierno sin sol

Tuve que leer el libro un par de veces porque la primera vez logró hacerme tanto daño y a la vez sonreír tantas veces que es como cuando la vista se te nubla porque estás llorando y crees que lo ves todo pero en realidad no tienes una claridad plena.

Sin conocerle, sin haber hablado nunca con él, me atrevo a decir que este señor ha vivido la vida de una manera tan especial, que a sus 30 años parece que no ha dejado ningún momento sin aprender la lección que da.

Nacido el Palencia en 1984, Escandar Algeet llega a Madrid donde, por lo que sabemos trabaja de todo un poco, donde se encuentra con la poesía y como bien encontramos en la biografía de su libro empieza a “escrivivir” y que alegría que la vida lo pusiera en el camino de las palabras para que los demás pudieramos disfrutarlo.

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Lo que hace Escandar con las letras no es normal, su manera de plasmar cicatrices con palabras que no se puede describir con palabras si no tienes esa magia que tiene él.
De su voz ya ni hablamos, su manera de recitar no tiene descripción, es de esos casos en los que hay que oír para saber. Es capaz de darle vida propia a sus letras dándote la paz y quitándotela en el mismo segundo.

En 2009 publica su libro “Alas de mar y prosa” y en 2013 llega “Un invierno sin sol
Divide este último libro en siete partes, como quien quiere contar la vida por pasos para no mezclar y no dejarte nada.

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Parte 1: Gracias.

Gracias
en voz muy
muy
baja
como si pudiera besaros los oídos.

Parte 2: Te llevaste el calor.

Te llevaste el calor
y la risa
y aquí estoy
con un par de cosquillas que contarte
mi vida.

Parte 3: En mitad del oasis.

En mitad del oasis
no sé
si hicimos el amor
o fue el amor
el que se deshizo de nosotros.

Parte 4: Tropiezos.

Tropiezas
una y otra vez
con la misma piedra
hasta que la besas
como un adicto.

Parte 5: Los que volvieron de la guerra.

Los que volvieron de la guerra
-contaban los más viejos-
no eran los mismos
que se habían ido.

Escúchale hijo, porque eso es el diablo.

Parte 6: La última vez que pisé naufragios.

La última vez que pisé naufragios
me pusiste un cascabel en el regazoy me dijiste:
nunca sabrás si es de oveja
o de serpiente.

Pero eso es el amor.

Parte 7: La última vez que apreté el gatillo.

La última vez que apreté el gatillo
me brillaban las espuelas
pero era por tu sangre.
La última vez que solté la cuerda
tú tenías un vuelo directo
y yo quería ser un andamio.
La última vez que me corté las penas
a los 2 nos jodió la alegría
de no haber sido solo un sueño.
Y el mundo seguía girando
a toda hostia

Pero dándolas.

Entre estas siete partes encontramos el verso, la prosa, la infancia, la adolescencia, el amor a distancia que sobrevive (o eso parece) gracias al Skype, el insomnio, los amigos, el día a día que encuentras al salir a la calle, al montarte en el metro y pequeños trozos de la vida en los que muchas veces no caemos en la cuenta.
En resumen, en cada una de estas partes encontramos algo que puede que sea parte del autor, o quizás puede que no, pero si podemos encontrarnos a alguno de nosotros entre líneas en alguna de las situaciones.
Este libro, llegó a mis manos de casualidad, y cada día estoy más segura de que en mis manos era donde tenía que estar.
De verdad os digo que no hay palabras para describir lo que este señor hace con las letras, si aceptáis un consejo, deberíais leerle.

Si todavía no os he convencido, solo tenéis que escucharle a él, tras esto, no vais a quedar indiferentes y… “que la poesía pague los destrozos”

Soñadora hasta con los ojos abiertos, soy la que tengo las ideas y no sería nada sin quienes me ayudan a llevarlas a cabo.
Melómana por naturaleza creo que nunca se ríe lo suficiente.
Aquí, junto palabras para contar lo que veo y lo que vivo, que muchas veces suele ser lo mismo.

veritxu

Soñadora hasta con los ojos abiertos, soy la que tengo las ideas y no sería nada sin quienes me ayudan a llevarlas a cabo. Melómana por naturaleza creo que nunca se ríe lo suficiente. Aquí, junto palabras para contar lo que veo y lo que vivo, que muchas veces suele ser lo mismo.

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