Escandar Algeet: Y toda esa mierda.

Llevo un par de semanas intentando llegar a una buena idea para hacer algo con Escandar Algeet para la web.
Aunque ya en su momento hablé de él y de “Un invierno sin sol” creo que cualquier cosa que escriba sobre su manera de plasmar las letras y de juntar las palabras se va a quedar corto. Por eso, pensé hacer algo distinto, algo que todavía ronda por mi cabeza y me falta perfilar, pero que decidí aparcar para cuando hubiera echado un vistazo a sus dos últimos libros (“Y toda esa mierda” y “Ojalá, joder”) que salieron al mercado hace justo una semana y a la vez.
Claro queda que me gusta la poesía, que soy un poco bohemia que diría mi padre, pero claro queda también que algo me pasa con Escandar que no me pasa con cualquier otro.
Hace un par de días, alguien en casa abrió “Ojalá, joder” uno de los nuevos libros de Escandar que estaba sobre la mesa del salón, y tras leer un par de páginas me dijo:

“Jode este tío, con que claridad escribe, es muy visceral”

Si, quizás visceral es la palabra.
Siempre he recomendado a toda la gente que me rodea y que se ha decidido a leerle, que lo lea con calma, sin prisa, y que le de las vueltas que tenga que darle para encontrarle el sentido que quiere que tenga.
Eso creo que es lo bueno de las letras, que aunque quien las escribe tiene sus razones, quien las lee puede tener las suyas propias y no tener nada que ver.

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Me decidí a empezar por “Y toda esa mierda“, no tenía ningún motivo en especial, pero hubo un tuit que me marcó en su día “Es solo que hace tiempo, y frío, y toda esa mierda” y creo que por eso abrí primero ese libro.
Bueno, por eso, y porque sabía que el primer poema que me iba a encontrar es ese que nunca había visto impreso pero que puedo recitar de memoria del tirón “Un invierno sin sol“.
No creo que sea muy parcial con Escandar, el libro con el titulo de ese mismo poema, fue el primer libro que leí suyo y más de una vez tuve que cerrarlo por no echarme a llorar en el metro de camino al trabajo. Es de esas personas que escribe y toca las tripas con las manos, de esas que te demuestra que a veces, hay cosas que aunque tú no escribas, otros pueden escribirlas por ti, de esas que nos enseñan que la mierda en tu vida, es también mierda en la vida de otros (y es ahí, cuando a veces empezamos a agarrarnos a eso de que mal de muchos consuelo de tontos, aun viniendo de alguien a quien no conoces de nada).

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Duele, leer “Y toda esa mierda” duele.
No creo que haya nadie que haya querido de verdad, que al leerlo no le doliera.
Pero también da luz, luz entre toda esa mierda, entre el caos de la vida y los sentimientos, como cuando en su relato “Esperanza” acaba diciendo lo bonito que es brindar por algo que acaba de nacer.
“El precio de la cobardía se mide en promesas, tengo tantos ojalás a los que aferrarme que los trato como puertas abiertas que no se pueden cerrar” que podemos leer en “Derrotas” o “al final no estábamos tan equivocados: con los daños se aprende” leído en su relato “Y todo lo que debería hacer mientras bebo cerveza, fumo hash y escucho a miles” nos demuestran que vivir duele, que no es un camino de rosas, que las heridas cicatrizan, si, eso dicen.. pero las cicatrices a veces, aunque pase el tiempo, siguen picando.
Pero a pesar de eso, la vida hay que vivirla, y en este libro, encontramos tan buenos deseos como:
“Ojalá nunca te defrauden por sorpresa, y cada gol lo celebres como el primero” en su poema “Lo todo”

Y toda esa mierda” es un libro que duele, pero (llamadme bipolar si queréis), a su vez, es un libro que cura.
Y ahí en medio de toda ese caos me doy de bruces contra el muro, se abre el cajón de la mierda y me lo encuentro todo.
La nostalgia, el pasado, el presente, las ausencias, la soledad, el insomnio y ese frío que aunque quieras, nunca se va.
Pero sonrío, sonrío porque a pesar de todo, de las hostias, de las idas y venidas, de que muchas veces pienso que “cualquier tiempo pasado si fue mejor”, he aprendido a vivir como viene, de frente y aunque cueste, tomando mis decisiones, más o menos acertadas, pero mías.
Y es que una cosa os voy a decir, si al abrir un libro, lo primero que lees es:

“Vivir la vida que quiero
sin la persona que quiero.
Ese, digamos era el trato.
Cada día me arrepiento,cada noche volvería a hacerlo”

es como para plantearse que aunque la vida duela, hay que arriesgarse a vivir, como venga, o como sepamos.

Gracias Escandar, y que la poesía siga pagando los destrozos.

Soñadora hasta con los ojos abiertos, soy la que tengo las ideas y no sería nada sin quienes me ayudan a llevarlas a cabo.
Melómana por naturaleza creo que nunca se ríe lo suficiente.
Aquí, junto palabras para contar lo que veo y lo que vivo, que muchas veces suele ser lo mismo.

veritxu

Soñadora hasta con los ojos abiertos, soy la que tengo las ideas y no sería nada sin quienes me ayudan a llevarlas a cabo. Melómana por naturaleza creo que nunca se ríe lo suficiente. Aquí, junto palabras para contar lo que veo y lo que vivo, que muchas veces suele ser lo mismo.

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